Por Redacción, Junio 30, 2026
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entra en una fase de alta tensión. Este 1 de julio, fecha en que arranca formalmente la revisión del acuerdo bilateral, la administración de Donald Trump se perfila a notificar que Estados Unidos no confirmará su deseo de prorrogar el tratado por una década más, abriendo paso a un periodo de revisiones anuales bajo un clima de profunda incertidumbre comercial.
Un freno estratégico, no una salida inmediata
La decisión, adelantada por fuentes del sector como Greta Peisch (exasesora de la USTR), activa formalmente la cláusula de revisión de seis años heredada de las negociaciones de 2020. Esto significa que:
- Sin ruptura instantánea: El pacto comercial sigue vigente; las operaciones de importación y exportación no se detienen de golpe.
- Presión en la mesa: Al congelar la extensión automática, Washington busca forzar a México y Canadá a ceder en sectores clave antes de comprometerse a largo plazo.
El trasfondo: El discurso de la Casa Blanca ha girado hacia un nacionalismo económico agresivo, sugiriendo que la economía estadounidense puede autosustentarse sin depender de sus socios norteamericanos.
Los focos rojos de la negociación: Autos y China
La postura estadounidense no es una sorpresa total, sino un movimiento de ajedrez para endurecer las reglas del juego. Las exigencias de la delegación que comanda el representante comercial de EUA, Jamieson Greer, se concentran en dos frentes específicos:
- Blindaje automotriz: Elevar aún más el porcentaje de componentes fabricados estrictamente en la región (y con preferencia en suelo estadounidense) para que los vehículos puedan cruzar las fronteras sin aranceles.
- El “factor China”: Implementar candados comerciales severos para evitar que insumos o inversiones de origen chino utilicen el paraguas del T-MEC para ingresar a Estados Unidos a través de México.
¿Qué sigue?
La tensión no disminuirá pronto. Ya se ha programado una tercera ronda de negociaciones para la semana del 20 de julio, donde el equipo de Greer incrementará la presión sobre los negociadores mexicanos.
Para México, el reto ya no es solo mantener el flujo comercial actual, sino operar bajo las reglas de un mercado norteamericano que ha decidido cambiar la certidumbre de largo plazo por la negociación bajo advertencia.






