Andy Burnham asumió como primer ministro del Reino Unido tras la renuncia de Keir Starmer, convirtiéndose en el séptimo jefe de Gobierno británico en una década. El exalcalde de Gran Mánchester llegó a Downing Street con la promesa de recuperar la estabilidad política, atender la crisis del costo de vida y abrir una nueva etapa para el Partido Laborista.
En materia internacional, Burnham comenzó a marcar distancia respecto a la política exterior de su antecesor. El nuevo mandatario planteó una relación más cercana con Europa, aunque descartó por el momento impulsar el regreso del Reino Unido a la Unión Europea. Su gobierno buscará fortalecer la cooperación comercial, fronteriza y de seguridad con los países europeos.
Burnham también ratificó el respaldo británico a Ucrania frente a Rusia y sostuvo conversaciones con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, así como con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Las primeras señales de su administración apuntan a mantener los compromisos de defensa del Reino Unido y la colaboración con sus aliados occidentales.
Respecto a Estados Unidos, el nuevo primer ministro sostuvo una llamada con el presidente Donald Trump, aunque analistas anticipan una relación más pragmática y menos cercana que la mantenida por Starmer. Burnham buscaría conservar la alianza histórica entre ambas naciones sin depender completamente de Washington para definir las decisiones internacionales británicas.
El nuevo gobierno también podría adoptar una postura más crítica ante el conflicto en Gaza. Burnham reconoció errores en la respuesta ofrecida por la administración anterior y abrió la puerta a una política más activa en materia humanitaria y de defensa del derecho internacional. Con estos primeros posicionamientos, el mandatario pretende consolidar una política exterior basada en la seguridad europea, el multilateralismo y una mayor autonomía diplomática para el Reino Unido.







