Estados Unidos anunció una nueva ronda de sanciones económicas contra Irán, en una estrategia que busca aislar aún más a Teherán y limitar sus fuentes de financiamiento. Las medidas se producen en un contexto de creciente tensión en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo y gas.
La administración del presidente Donald Trump advirtió que cualquier país, empresa o institución financiera que mantenga operaciones económicas relevantes con Irán podría enfrentar represalias. Las nuevas restricciones apuntan especialmente a redes de exportación de petróleo, empresas intermediarias y mecanismos financieros utilizados por Teherán para evadir sanciones.
Irán rechazó las medidas y acusó a Washington de aplicar una política de “terrorismo económico”, señalando que las sanciones afectan no solo al gobierno iraní, sino también a empresas y bancos de terceros países. Autoridades iraníes sostienen que Estados Unidos intenta imponer una soberanía extraterritorial mediante sus decisiones financieras.
La escalada ocurre mientras persiste la crisis en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio marítimo mundial de petróleo. Las restricciones al tráfico y la incertidumbre sobre la seguridad de la navegación han generado preocupación en los mercados energéticos y presiones al alza en los precios del crudo.
Además, Irán ha endurecido sus condiciones para normalizar completamente el tránsito en la zona, exigiendo el levantamiento de sanciones, la liberación de activos congelados y la reducción de la presencia militar estadounidense en la región.
El endurecimiento de las sanciones representa un nuevo capítulo en la confrontación entre Washington y Teherán, mientras las vías diplomáticas permanecen prácticamente congeladas y el riesgo de una mayor escalada económica o militar sigue latente.







