El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una nueva ofensiva económica contra Irán, a la que describió como la operación de aislamiento financiero más contundente emprendida contra un país. La medida busca cortar las principales fuentes de financiamiento de Teherán y aumentar la presión sobre su gobierno.
A través de su plataforma Truth Social, Trump advirtió que cualquier país, empresa o institución financiera que proporcione apoyo económico a Irán enfrentará fuertes consecuencias. La estrategia contempla atacar mecanismos utilizados por Teherán para mantener sus operaciones internacionales, entre ellos el contrabando de petróleo, transferencias de efectivo, operaciones cambiarias, registros de embarcaciones y empresas fachada.
El anuncio representa una nueva escalada en la confrontación entre Washington y Teherán, mientras las negociaciones diplomáticas permanecen estancadas. Trump sostuvo que por ahora no existen conversaciones activas, aunque dejó abierta la posibilidad de retomarlas posteriormente.
Irán rechazó las amenazas estadounidenses y calificó las nuevas medidas como una forma de “terrorismo económico”. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, cuestionó la estrategia de Washington y sostuvo que las presiones económicas no obligarán a Teherán a capitular.
La ofensiva también genera preocupación por sus posibles efectos en los mercados internacionales. La tensión alrededor del estrecho de Ormuz, una ruta fundamental para el transporte mundial de petróleo, ha reducido los flujos energéticos y provocado un aumento en los precios del crudo. El Brent llegó a superar los 93 dólares por barril durante la jornada.
El Gobierno estadounidense busca así aislar financieramente a Irán y presionar a otros países para que reduzcan sus vínculos comerciales con Teherán, elevando el riesgo de una nueva escalada económica y geopolítica en Medio Oriente.







