Este 25 de julio se cumplieron dos años de la captura de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los fundadores y principales líderes del Cártel de Sinaloa, un hecho que marcó un punto de inflexión en la historia del crimen organizado en México y cuyas repercusiones continúan vigentes tanto en el ámbito de la seguridad como en la relación bilateral con Estados Unidos.
La detención ocurrió el 25 de julio de 2024, cuando Zambada fue trasladado a territorio estadounidense en un operativo que, hasta la fecha, sigue generando interrogantes sobre el nivel de participación de agencias de Estados Unidos y las circunstancias en las que el narcotraficante abandonó México. La versión del capo sostiene que fue engañado y entregado por Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, mientras que autoridades estadounidenses mantienen que la captura fue resultado de una operación coordinada.
Lejos de debilitar la violencia en Sinaloa, la caída de “El Mayo” provocó una disputa interna entre las facciones conocidas como La Mayiza y Los Chapitos, enfrentamiento que ha dejado miles de homicidios, desapariciones y un deterioro en las condiciones de seguridad en la entidad. Analistas consideran que la fragmentación del grupo criminal intensificó la lucha por el control de rutas y territorios estratégicos para el tráfico de drogas.
En el plano judicial, hace unos días Zambada fue condenado a cadena perpetua en una corte federal de Nueva York, donde también se le impuso una multa de 15 mil millones de dólares por delitos relacionados con el narcotráfico. La sentencia puso fin al proceso penal en Estados Unidos, pero no a las investigaciones y cuestionamientos sobre el operativo que derivó en su captura.
A dos años de aquel acontecimiento, el caso continúa teniendo implicaciones políticas y diplomáticas. El Gobierno de México mantiene la exigencia de conocer con precisión cómo se desarrolló el operativo y el papel desempeñado por las autoridades estadounidenses, mientras especialistas advierten que la reorganización del Cártel de Sinaloa y la violencia derivada de su fragmentación siguen representando uno de los principales retos para la seguridad del país.







